29 enero 2008

Fernanda


SABADO

Tiene diecinueve años, se llama Fernanda, estudia en la universidad donde trabajo, esta recostada sobre su toalla, junto a la alberca, platica con su amiga, voltea a verme de vez en cuando y sonríe maliciosamente, yo finjo no verla, pero no puedo despegarle la vista, en ese momento hace su aparición su mamá, al reconocerme se acerca sonriendo y me saluda:
- Hola profesor, ¿como esta?
- Bien señora, gracias ¿y usted?
- Bien en lo que cabe, fíjese que estoy preocupada por Fer, ha bajado su promedio y como se que usted le dio matemáticas en la prepa quisiera pedirle si la puede asesorar por las tardes, claro le pagaríamos las clases que le diera.
- Esta bien señora, solo es cuestión de revisar mi agenda, entre la escuela y el despacho realmente me queda poco tiempo, pero si no se puede entre semana con un par de sábados y domingos tendrá suficiente, es una muchacha lista y no creo que tenga problemas en ponerse al corriente
- Gracias profesor entonces, ¿Comienzan el próximo fin de semana?
- Yo le aviso por medio de Fernanda, ¿le parece?
- Esta bien profesor, sirve de que también piensa en cuanto va a cobrar y en serio muchas gracias no sabe como le agradecemos esto que hace.
- No se preocupe, lo importante es que salga adelante
- Hasta luego profesor
- Hasta luego

Se integra la mamá con su hija y su amiga y les cuenta al arreglo que llego las tres voltean hacia a mi y me sonríen, Fernanda lo hace de manera especial, lo puedo percibir y un cosquilleo recorre mi cuerpo, pretendo no darle importancia y me meto a nadar a la alberca.

Cuando salgo de la alberca ya se han marchado.

Al recoger mi toalla me encuentro con una servilleta con un gracias en ella, me sonrío, doy media vuelta y me voy a las regaderas.

LUNES

Llego a la universidad y me encuentro con la amiga que estaba con ella el sábado en el club, al verme me sonríe y se acerca y me da una noticia desconcertante en el estacionamiento:
- Le gusta a Fernanda
- ¿Qué?
- Esta enamorada de usted – la mensajera se ruborizó.
Recordé situaciones parecidas en la secundaria, pero a mis treinta y cuatro años era ridículo.
- Perdona, no te entiendo y además no tengo tiempo – me escabullí.

En mi cubículo el corazón me palpitaba de tal manera que podía escucharse en los pasillos, de todos los deseos prohibidos, el más dulce.

Cuando salí a dar mi primer clase no había nadie en los pasillos iba repasando mentalmente la clase, pero no dejaba de pensar en lo que me había dicho la amiga.

Al terminar mi clase salí del salón y ahí estaba, platicando con su amiga, con sus ojos fijos en mí, fingí no verla, afortunadamente me abordaron varios alumnos que tenían dudas sobre la tarea y eso me permitió sacarle la vuelta, y es que, pretenderla era ilegal y que podría decirle que somos mundos distintos, además una sola vez estuve enamorado, suficiente para hacerme una promesa con cerradura de no volver a caer en esa trampa, eso pensaba cuando me encontré con Irene, la secretaria del director:
- Arqui, dice el director que si va a ir a la junta, lo están esperando
- Voy para allá Irene, me entretuve con unos alumnos
- Esta bien arqui, con permiso.

Diablos, la junta, la olvide por completo.

Tres horas después salía de la dirección, acompañado de Elsa, la coordinadora de administración de empresas, al llegar a mi cubículo me encontré con Fernanda y su mamá:

- Buenas tardes profesor
- Señora buenos tardes, a sus ordenes
- Gracias, vine a ver que había pensado sobre lo que platicamos el sábado en el club
- Fíjese que me acaban de encomendar una investigación para un modulo del curso de titulación y voy a estar algo ocupado.
- Que mala suerte, contaba con usted y es que Fer dice que usted a sido su mejor maestro, pero si no se puede, pues que se le va a hacer
- Pues, si quieres – Dijo Elsa – yo te apoyo con la investigación de hecho di ese modulo el año pasado y tengo la información a punto, solo se tiene que revisar que este completa
- Gracias Elsa, pero me siento mal dejarte haciendo mi trabajo
- Cuál trabajo, si ya lo tengo solo tengo que buscar en mi computadora y ya
- Bueno, si tu lo dices, señora, si se puede este mismo sábado empezamos con el curso
- Claro que se puede y gracias profesora es que en verdad necesitamos ayuda
- De nada señora, yo los dejo tengo clase, con permiso
- Pase usted, entonces, ¿Cuánto va a cobrarnos?
- No sé aún señora, que le parece si lo discutimos el sábado
- Me parece bien, ¿a que hora llegara usted?
- ¿Le parece bien después de comer en su casa?
- Perfecto, ahí le esperamos, con permiso y de nuevo gracias
- Pase y no tiene nada que agradecer.

Pinche Elsa, le dio en la torre a mi excusa, pero a ver que me invento en la semana al cabo apenas es lunes.

MARTES

Salgo de mi casa a las seis de la mañana rumbo al club, hoy entro hasta las diez y me va a caer bien nadar y meterme un buen rato al vapor, sirve de que aclaro mis ideas.

Al salir del club encuentro una nota en el parabrisas del carro, es la misma letra de la servilleta, redondita, en tinta negra, solo un par de palabras, volteo a mi alrededor, no hay nadie, mejor así, nadie nota que me sonrojo.

MIERCOLES

El día transcurre normalmente, como en casa de mis papás y por la tarde voy al despacho, reviso un par de proyectos y atiendo unos asuntos con el contador.

Por la noche me voy a tomar un café, al llegar a casa encuentro una rosa en la puerta de la cochera, ya esta marchita, se nota que tiene un buen rato ahí, y sin quererlo vuelvo a pensar en ella, y vuelvo a sentir ese cosquilleo.

JUEVES

Llego a la universidad y lo primero que veo en el estacionamiento es a Fernanda, me ve y me sonríe, me limito a devolverle la sonrisa, al bajarme del coche se ha ido.

Desconcertado llego a mi cubículo y ahí me espera una nota “te veo en diez minutos en los vestidores del auditorio”, sin pensarlo me encamino hacia el auditorio y en el camino me encuentro con Elsa:

- Buenos días ¿a donde vas?
- Hola buenos días, voy a la cafetería, no alcance a tomar ni un jugo
- Sale necesito darte la información del curso
- Ok te busco en un rato más, ¿vas a clase?
- Si, entonces te veo después
- Esta bien

Siete minutos después estaba en los vestidores, estaba todo polvoso, se nota que por ahí no pasa nadie muy seguido, no había nadie, pensé que se ya se había ido, de repente unas manos me tapan los ojos:

- Pensé que no llegabas

Fernanda, enfundada en jeans y blusa blanca, estreche su cuerpo delicado, olí su nuca; presentí lo que seguía y lo supe inmerecido.

- ¿Cómo has estado?
- Bien – mi boca seca -. ¿No vamos muy rápido?
- No… - me abrazo -. Ya no sabia que hacer para estar cerca de ti, tuve que inventar lo del curso y reprobar un examen parcial.
- ¿Qué quieres de mí? – dije por decir algo, por poner una última resistencia; pero antes que pudiera agregar mas me besó.

No sabía besar, suave, sorpresivamente, su mano se poso en mi entrepierna, sonreía.

- Fui a buscarte a la cafetería y me dijeron que no habías ido – Elsa, sentada en mi escritorio, dándome la espalda, lentamente se giro hasta tenerme enfrente
- No fui a esa cafetería fui a la otra
- ¿Cuál otra?, no hay mas cafeterías
- La de afuera del campus.

Abrí un fólder para tranquilizarme un poco, guardamos silencio los siguientes diez minutos, finalmente me quito el fólder y viéndome fijamente me dice:

- ¿Me crees tan tonta?
No contesté, de reojo veo hacia afuera y veo a Fernanda caminando. No sé en que piense, no sé si piensa en mí, no sé como me piense, no lo sé.


3 comentarios:

Adriana dijo...

Muy bien, ahora un nuvo género… y lo haces muy bien.

Y tiene tu sello… misticismo…

Claudia Sosa SanRomán dijo...

Me gusto, me gusto...

:)

Constanza dijo...

Extático ante ti me atrevo a hablarte: ardiente como tú mi fantasía, arrebatada en ansia de admirarte intrépidas a ti sus alas guía.
José De Espronceda

Esta frase es la que se me viene a la mente cuando leo "Fernanda" de esas aventuras que nunca olvidas...