19 junio 2007

John Edipo



Hace mes y medio escuché que la célebre portada de Rolling Stone de enero de 1981 que muestra a un John Lennon desnudo y en posición fetal abrazando a la rígida Yoko había sido distinguida como la mejor de su género en los últimos 40 años de revistas en Estados Unidos.
Desde un punto de vista editorial, la decisión es comprensible. El peso emocional de la fotografía no tiene igual. John y Yoko habían posado para la lente de Annie Leibovitz algunas horas antes de que Lennon se encontrara con Mark David Chapman. Por si la imagen de un hombre sentenciado a muerte fuera poco, la fotografía también ilustraba de manera inmejorable lo que ya para entonces era un secreto a voces: la absoluta dependencia del Beatle mayor con su extraña mujer.

Y es aquí donde comienzan mis reparos (completamente personales, vale apuntar): la entrega de Lennon -absoluta, ciega, desnuda- siempre me ha parecido un insulto. Freud, para empezar, se habría desmayado. La pérdida de la identidad masculina madura para volver al útero materno, para adoptar -públicamente, nada menos- a la pareja como madre sustituta probablemente habría hecho caer al piso la ya de por sí frágil mandíbula del hombre del puro. Hay que ser francos: Lennon avergonzaría al mismísimo Edipo: el trágico héroe jamás se tendió sobre el lecho nupcial completamente desnudo, asumió posición prenatal y cerró los ojos en plena hipnosis desfalleciente junto a Yocasta. ¿Y qué recibe Lennon a cambio en la fotografía de Leibovitz? Negra indiferencia, rigidez, ojos apenas entrecerrados.
Tiempo después se supo que John no era particularmente feliz. Quizá por eso se tendió a un lado de Yoko aquella tarde en el Dakota: el hombre, desesperado, se había visto reducido a un suplicante, muy lejos de ser el rebelde que cantaba junto a Paul o incluso del romántico que imaginaba un mundo sin fronteras. Quizá la foto esconde la razón por la que aún ahora Yoko Ono, la viuda más visible de la historia, no despierta simpatía alguna. Y eso es lo que en el fondo irrita de la recién galardonada imagen. Triste destino, la castración.

(Leon Krauze)

P.D. Me identifico completamente con la opinión de Krauze, por eso es que lo transcribi integro.

1 comentario:

bonomau dijo...

te recomiendo un libro que se llama The Last Days of Lennon. en ese libro te das una idea que no sólo John era el dependiente y que, por lo menos, trataba de no serlo tanto y se ponía en jaque a la Ono cada que podiá también.

saludos hermano.