31 marzo 2007

Talk Talk - It's My Life

Funny how I find myself in love with you
If I could buy my reasoning I'd pay to lose
One half won't do
I've asked myself
How much do you commit yourself?

It's my life
Don't you forget
It's my life
It never ends

Funny how I blind myself
I never knew if I was sometimes played upon
Afraid to lose,
I'd tell myself what good you do
Convince myself

It's my life
Don't you forget
It's my life
It never ends

I've asked myself
How much do you commit yourself?

It's my life
Don't you forget
Caught in the crowd
It never ends

the police - wrapped around your finger

Semana llena de recuerdos...

23 marzo 2007

Al fin viernes...


Semana corta, por lo mismo mas pesada, ya que se tenia que recuperar el día de azueto, me siento molido, mi día laboral se alarga irremediablemente, tengo una cita despues de las 19:00 por lo que no se hasta que hora podre retirarme a casa.

Al fin del día, de regreso a casa comprare una botella de algo (con alcohol), grabare un par de discos y a ver que mas sale.

Viernes día de vuelo...

20 marzo 2007

¿Erase and Rewind?


Hace tanto que no escribo lo vivido, que ya me es dificil comenzar, si hay mucho por contar, pero no se por donde ni como empezar, asi que demos una vuelta de tuerca, un par de ajustes y comenzemos de ceros.
Es dificil iniciar la reconstrucción de uno mismo, mirar con otra postura lo vivido, poder contestar algo asi:

Conocido -¿Te acuerdas de cuando fuimos a _____________? (espacio en blanco para que pongas el lugar que mas te apetezca).

Uno -No, es mas, ¿Quién eres?

Te imaginas la cara que pondria tu cuate y entonces si seria comenzar de cero, ¿Volver a conocerte?, ¿Creerias en lo mismo?, ¿Te seguiria gustando el olor de la tierra despues de la lluvia?, ¿Serias vegetariano o seguirias siendo carnivoro empedernido?, ¿Tal vez ya serias un verdadero hombre de Fé o un hombre con menos Fé?, Queda tanto por preguntar.
Tal vez sea facil, pero, mejor asi nos quedamos, de cualquier manera seguiriamos con las mismas manias y rutinas, ¿Para que reiniciar un camino que nos llevara a donde estamos?, mejor tratar de ser menos ______________ (Espacio en blanco para la mania, cualidad o adjetivo que quieras cambiar) y seguir avanzando.


¿No lo crees asi?

14 marzo 2007

En días como este...







-¿Falta mucho?



Preguntó fastidiada, era la tercera vez que lo hacía en la última media hora. Y sólo era sólo una forma de ser irónica, deseaba que Juan se sintiera peor que ella en ese momento.

Un brillante riachuelo de sudor se desprendió de la nuca de Juan, iniciando un camino que desembocaba en su cuello moreno, mojando la espalda, los hombros, dejándose beber por la camisa de tela ligera, esa tela tan fácil de maltratar y arrugarse.
-¿No te da cosa sudar así?

Su rostro se encontraba mojado y con el cabello pegado a la cara. Podían abrir las ventanillas para refrescar un poco el ambiente, pero hubiera sido un error, ya que el polvo suelto se alzaba entusiasmado con la idea de entrar y atorarse en cada rincón del pequeño automóvil color rojo.

-¡Dios mío! Si yo estuviera en tu lugar ya hubiera buscado algo, no sé, algún desodorante, un talco. Alguna cosa debe existir para que dejes de sudar tan a lo bestia.

Un par de horas atrás se habían detenido para estirar las piernas y fumar un cigarrillo con la esperanza de aligerar la tensión. De nada había servido. Ante ellos la carretera se perdía en un árido camino de polvo y sol. Habían salido desde las cinco de la mañana (Juan quería aprovechar el día), y se suponía que para las nueve ya estarían metidos en algún pozo de aguas termales, o instalándose en la cabaña que los alojaría por el fin de semana.

-¿Y perder media hora como pendejos? Deberías saber que ya estoy hasta la madre de tu dichoso paseíto.

Juan tragó saliva e inició un movimiento destinado a encender la radio, pero se detuvo a medio camino, hubiera sido darle a Silvia una herramienta más para molestarlo. Y entonces sería demasiado, entonces quizá ya no podría seguir en el papel de esposo tolerante, y discutirían a gritos, se llamarían de cualquier manera, y todo se iría dulcemente al infierno. Juan lo que buscaba era precisamente otra cosa. Y para conseguirlo tenía que ser paciente, cuidadoso. El médico le había dicho que Silvia tendría momentos así, de acusada inestabilidad emocional. Juan debía ser comprensivo, ella estaba muy resentida; después de todo el asunto de su infidelidad no sólo había sido cosa seria, sino también detonante del intento de suicidio de su frágil mujercita, incapaz de tener hijos. Suspiró sintiéndose culpable. Después de todo amaba a Silvia, y en realidad para él no importaba tanto si tenían hijos o no. De hecho, esa no había sido la causa de su infidelidad, se trataba de otra cosa, algo en la forma en que su esposa presionaba la pasta de dientes y ordenaba los libros, un no sé qué en su forma de besar, en su sonrisa burlona. Recordó con sarcasmo que el objetivo de "el paseíto" era resanar la relación.

Pero además hay que tener en cuenta que hace un calor de los infiernos, y esa es la causa principal de la agresiva desesperación de Silvia, del fastidio blindado de Juan. La ropa se pega a la piel, incluso en las partes más íntimas, y con sus pliegues apelmazados se vuelve un sutil tormento; por si fuera poco Silvia se encuentra menstruando, y la sensación de incomodidad la hacen sentir sucia; además el polvo alborota alrededor del auto y el sol es una mancha ardiente que lastima los ojos; el interior del auto está cargado con esa atmósfera dulzona y pesada producto de la combinación del sudor, el plástico, el perfume y el desodorante del auto. A esto permitámonos añadir la tensión, un puñado de navajas afiladas para llenar el espacio vacío entre la pareja.

-Podrías intentar ser menos agresiva.
-Podrías intentar de una puta vez llegar al pueblo al que quieres llevarnos.
-Jalpeg.
-Lo que sea.

Juan había encontrado en alguna oficina un folleto a colores sobre Jalpeg, un pueblo colonial con balneario de aguas termales, cuevas, cascadas y ríos. En el folleto decía también que se rentaban cabañas muy bien equipadas a precios bastante razonables, y al menos las fotografías eran también bastante prometedoras. Juan se había sentido afortunado por encontrar ese folleto, el único, aunque le parecía raro no encontrar en él ningún teléfono dónde pedir informes, o al menos el logotipo de alguna promotora turística, aunque pensándolo bien era un detalle muy propio del tipo de publicidad que manejaban. El folleto anunciaba además que puesto que Jalpeg no aparecía en ningún mapa, representaba el lugar ideal para quien deseara un descanso pleno de intimidad y belleza, lejos del estrés citadino. Se incluía un croquis que explicaba cómo llegar al pueblecillo, y era imposible perderse. Si uno iba por la carretera a Matehuala sólo había que tomar la desviación en el kilómetro 23, y ahí seguir derecho durante media hora.

Pero hacía tres horas que iban sobre la dichosa desviación.

-No entiendo cómo se te ocurrió la brillante idea de venir a un lugar que no conoces, del que nunca antes has oído hablar. Date cuenta dónde nos encontramos, Juan. Estamos en medio de la nada. No pudiste haber encontrado mejor lugar para que nos asalten o algo peor. Y con este calorcito de la chingada... ¿Para esta clase de pendejadas me hiciste levantar tan temprano en sábado?, como si no tuviera suficiente con...
-Basta.-Replicó Juan en voz baja e intensa. Había detenido el auto y con ambas manos sobre el volante miraba el tablero. Las venas del cuello y brazos delataban la ira contenida. Silvia había logrado su objetivo.

-Voy a dar vuelta y regresaremos a casa para olvidarnos de todo esto, ¿quieres? Incluso te dejaré sola, no sé, rento un cuarto de hotel, me voy a casa de un amigo, procuraré desaparecer un par de días. Sólo te pido que no vuelvas a decir una sola palabra el resto del camino, ¿entiendes? Ni una sola palabra.

Guardaron silencio, Juan seguía con las manos soldadas al volante y la mirada extraviada en su propia furia. Silvia se regocijaba interiormente, y aunque el calor era todavía insoportable, estaba contenta, había descargado algo del veneno tragado cuando intentó suicidarse.

-¿Ya viste?

Juan levantó la cabeza y miró por la ventanilla, vio un niño rubio, sin camisa, que caminaba en dirección a ellos.

-Podemos preguntarle si falta mucho para llegar -dijo Silvia emocionada.

Juan cerró los ojos y tragó bilis, eran ese tipo de detalles los que le habían animado a buscar otros brazos. Hubiera querido encender el auto y dar presurosa marcha atrás, pero después de todo el niño estaba ya muy cerca, y él no tenía nada que ver con sus problemas maritales.

-¿Van para Jalpeg?

Preguntó el niño antes de que Silvia pudiese bajar la ventanilla y abrir la boca.

-Sí amiguito, ¿falta mucho?
-Como 20 minutos sobre este camino. ¿Me pueden llevar con ustedes? Yo también voy para allá.

La mano de Silvia se cerró sobre la rodilla de Juan en un gesto que significaba "compláceme". Así que la puerta del auto se abrió y el pequeño, como de ocho años, pudo subir a la parte trasera del auto. Ninguno de los dos dejó de notar que el pequeño no parecía incomodo por el calor, a pesar de ir sin camisa; notaron también que la piel del niño no estaba sucia ni tostada por el sol, por el contrario, era una piel lozana y fresca, como si se tratara de un recién nacido. Juan pensó que quizá el niño pertenecía a un campamento de gitanos, o tal vez era el hijo de otros vacacionistas; no era posible que fuera habitante de la región, todos los vecinos a la redonda eran morenos y de ojos color miel, el pequeño los tenía azul claro.

-¿Cómo te llamas? -Preguntó Silvia, súbitamente animada con la presencia del niño.
-No lo sé, pero supongo que lo sabré más tarde. Por ahora sólo sé que estaba esperándolos.

Juan dirigió una mirada de reojo a su mujer, quien también sopesaba la enigmática respuesta del niño. Eran palabras que si bien no parecían tener sentido iban cargadas de un fuerte significado, además era un vocabulario nada común para alguien con esa edad.

El sol caía sin piedad sobre el camino desierto, asando el automóvil de Juan, colorado insecto mecánico. Era un día violento por naturaleza, de sangre hirviente y cosas que cobran vida bajo el malsano calor del eterno verano. Era un día como un incendio, como el infierno de dos personas unidas por cientos de minúsculas heridas. Y Juan, fastidiado al fin, sacó un cigarrillo, abrió la ventana y aspiró con fuerza la bocanada de humo y polvo.

-Tú vives en Jalpeg, ¿verdad? -Preguntó, mirando por el espejo retrovisor cómo el pequeño respondía afirmativamente con la cabeza -¿Y qué andabas haciendo hasta acá solo? Tus papas deben estar preocupados.
-Estaba esperándolos a ustedes.

Respondió el niño, cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás, como soñando despierto. Juan sonrió con labios torcidos, expresando así su opinión. Silvia tomó la caja de cigarrillos y encendió uno, miraba a su esposo como si esperará un reproche en cualquier momento, a la defensiva.

-¿No cree que hace un calor de locos, señor? -dijo el pequeño, todavía con los ojos cerrados- En días como este pasan cosas muy raras.
-Sé a lo que te refieres -respondió Juan, intentando sin éxito encender el auto, sin que le importase ocultar su enojo-. Cosas raras. Como perderse en la carretera, buscando un pueblo fantasma. ¿Y todo para qué? Para volverte loco, rodeado de locos, buscando salvar una relación que ya no existe porque hace mucho se fue a la mierda.
-Juan...

La mano de Silvia se volvió a posar sobre la rodilla de su esposo, pero esta vez era algo cálido. Su voz sonó suave, conciliadora. Pero Juan ya no podía detenerse.

-Sí jovencito, tiene usted razón. Son días como este los que desacreditan la vida y demuestran que lo mejor de uno es sólo basura.
-No me refiero a eso, señor. ¿Conoce usted la leyenda sobre el demonio que tenían los antiguos indios de esta región? Decían que una vez al año, en días como este, de un calor insoportable, el demonio regresaba a caminar sobre la tierra, que se encarnaba de una mazorca de maíz y tomaba forma humana.
-Cuántos años tienes, ¿eh?

Preguntó Juan. Silvia no podía dejar de mirar al niño, sin camisa, delgado, de cabello rubio, que en ese instante abría los ojos y mostraba una dentadura blanca, reluciente.

-No lo sé con exactitud, nunca me he preocupado por eso.
-Pues a mí me pareces muy chico para andar con esas historias de diablos que nacen de una mazorca y todo lo demás. Deberías preocuparte por no alejarte demasiado de tus padres.

Silvia guardaba silencio, sabía que Juan estaba muy enojado, de otra forma no estaría discutiendo tonterías con un niño desconocido. Y aunque le gustaba jugar con la paciencia de su esposo, también tenía miedo de forzar demasiado la cuerda, la perspectiva de perderlo era demasiado para ella. Precisamente por eso, en cuanto supo de las infidelidades de Juan, la inseguridad y el temor la habían llevado a las puertas del suicidio. Imaginaba que todo era culpa de su nula fertilidad, y sumergida en un mar de autocompasión se amargaba día con día. Pero en ese momento dedicaba toda su atención al pequeño que ocupaba el asiento trasero de su auto, no había podido evitar que su presencia le recordara su imposibilidad para engendrar.

-Yo no me preocupo por muchas cosas, señor. ¿Por qué habría de hacerlo? Es maravilloso sentir todo esto, el viento, el sol, la tierra bajo mis pies, el movimiento de mis propios músculos al caminar...

Silvia no pudo evitar, impulsada por el comentario, mirar los pies del pequeño. Pudo ver entonces que no sólo iba descalzo, sino que además un fino vello rubio cubría por completo sus pantorrillas y tobillos; los dedos de los pies, gruesos poseedores de amarillentas y afiladas uñas, se mostraban anormalmente grandes. Sin embargo Silvia se guardó el comentario, el niño la había sorprendido mirando y le dedicó una sonrisa inquietante.

-Además estaba esperándolos, señor. Eso es algo que no puede reprocharme.

Juan sonrió, no ganaba nada discutiendo con un niño fantasioso. Volvió a intentar encender el auto y arrojó el resto del cigarrillo por la ventana.

-Así como los antiguos indios esperaban al demonio año con año, yo los esperaba a ustedes. ¿No cree que es curioso, señor, que a todo lo que el hombre no entiende se le quiera atribuir origen sobrenatural? Podría no ser el demonio lo que cada año temían los indios.

El sudor seguía acumulándose en sus ropas, y esa sensación en la piel, desagradable, pegajosa. Un vientecillo ardiente se colaba por las ventanas, y el sol aun era esa herida supurante, roja. Juan había comenzado a sentirse incómodo con la presencia del pequeño, le molestaba esa soltura para hablar, la indiferencia que mostraba hacia el calor. En realidad le molestaba todo, que el auto no encendiera, que estuvieran en medio de Quiénsabedónde, que no pudiera dejar de ser la persona que era. Incluso le molestaba que el intento de suicidio de su esposa hubiera sido sólo eso, un intento.

-Bueno, ya sé que cuando hablan del demonio no se refieren a un diablo con cuernos y cola, sino a la encarnación del mal. Pero eso es una tontería, el mal no existe; hubo pueblos que esperaban los días como este llenos de emoción, listos para celebrar un ciclo más de fecundidad, el matrimonio entre la diosa madre tierra y el gran dios cornudo. Entonces también se hablaba de seres que aparecían en los caminos y extraviaban a los viajeros, o que violaban mujeres y enloquecían a quienes tenían la mala fortuna de encontrárselos; pero la gente de entonces no pensaba que se tratara de criaturas del mal, para ellos eran los hijos de la diosa madre tierra, los que una vez por año salen a experimentarlo todo, a saborear el gusto de la carne ajena y propia, a experimentar la condición humana... ¿Suena bien, no? Nada de cuentos sobrenaturales y demonios, únicamente la condición humana. Al menos a mí eso es lo que me sucede, no sé cómo tengo conocimiento de las cosas, cierro los ojos y todo llega de repente, como un recuerdo, como si antes ya hubiera estado aquí, pero todo es nuevo, cada sensación es un mundo desconocido que acrecienta mi apetito. Ustedes, por ejemplo, tienen un aroma violento, amargo, y por alguna razón que desconozco me estaban destinados. ¿No es eso una maravilla?

Silvia y Juan se miraron buscando la calma que otorga un terreno conocido, una cara tantas veces mirada, pulida por nuestros ojos hasta ser convertida en espejo; luego ambos miraron al niño. El auto se negaba a dar señales de vida.

-Bienvenidos a Jalpeg. Dijo el niño, con esa sonrisa de enormes dientes húmedos...
No sé quien es el autor de la foto con la que ilustro este post, si alguien sabe de quien es favor de avisarme para poner los créditos.

22 febrero 2007

The ground beneath her feet

Let me love you...

Window in the Skies

...

Eres

Siendo esclavo de tu cintura,
victima de tus ojos,
mayordomo de tus deseos,
y tu la artesana de mi vida.

Siendo el hechicero de tu sonrisa,
cartógrafo de tus lunares,
colono de tu sueños,
nomada en tu cuello,
sedentario en tus labios.

Eres la figura omnipotente,
que desvela mis noches,
la soberana de mis labios,
y la utopía en mis sueños.

20 febrero 2007

The Beatles - Strawberry Fields Forever (colour)

Living is easy with eyes closed...

La agenda

Carretera 54 nada interesante para mirar. Enciendo el radio y no hay recepción, lo apago. Busco un cd en la guantera, no esta el estuche. Busco debajo mió, bajo el asiento de a lado, Lo encuentro. Saco un disco al azar y lo pongo es U2. Acomodo el retrovisor y veo hacia atras, es exactamente lo mismo de hace 5 minutos, nada.

Veo una gasolinera, bostezo y miro el reloj son las tres en punto, hago calculos y pienso que llegare como en dos horas más, a tiempo para la cita.

Miro al retrovisor, veo un niño detrás de mi, saco la cabeza y no veo nada. Debió ser una ilusión por el calor.

Subo el volumen, “Someone you could lend a hand in return for grace…” Se me antoja un trago, recuerdo cuando comencé a beber, en la sala de casa de mis papás en compañía de mi mejor amigo, caray, se me paso su cumpleaños y no pude llamarle, es que se me olvido anotarlo en la agenda. Sigo adelante, para este momento ya estoy muy cansado, reviso la agenda y si, voy en tiempo.

No hay nada que mirar, solo carretera y cerros, son solo paisajes y tierra, no hay nada.

Veo el retrovisor y me veo. Parado a mitad de la carretera, traje negro, barba naciente y trago en mano. Volteo y no veo nada, me asombro o me asusto, cualquiera de las dos, estoy seguro que era yo.

Me da miedo mirar el retrovisor, sacudo la cabeza, alzo la mirada y miro el retrovisor, nada, solo paisaje dejado muy atrás, suspiro, cierro los ojos un instante y un par de preguntas vienen a mi mente:

¿Qué hago tirado al lado de la carretera, rodeado de humo, un coche volcado y la cabeza abierta? ¿Qué hace una agenda con citas, números de teléfono y direcciones?

Nada. Simplemente un hombre llegando a tiempo a su destino. Con una agenda recordándole que dejó pasar todo.

19 febrero 2007

Espantapájaros 2

El Espantapájaros



La solitaria figura se vislumbra sobre el campo, entre los sembradíos, mientras los pájaros que debe asustar se posan, tranquilamente, sobre el raído sombrero de palma.

Se le puede observar desde la casa. Lleva años ahí, con su cabeza de tela rellena de aserrín podrido y el cuerpo formado por dos palos y ropa vieja rellena de paja, con los brazos en cruz y la cara burdamente fabricada con retazos de tela descolorida.

Ha nacido para el miedo, pero inspira sonrisas y lástima. Los niños, en verano, le tiran tierra y piedras, los pájaros lo han cubierto de excremento, ahora seco y endurecido por los rayos del sol inclemente, que todas las mañanas cae sobre él.

Soporto todo hasta hoy en que el cielo se puso negro, y el granjero recorrió el campo con el impermeable puesto, y al pasar junto a él se rió.

Se rió mientras murmuraba, con alegría perversa:

-A ver si la tormenta por fin te destruye, hilacho de paja.

Eso fue el colmo. Por eso, cuando el granjero se fue a guarecer de la lluvia que se aproximaba y las primeras gotas cayeron sobre el ala sucia del sombrero, supo que había llegado el final.

Eran años. Años de lluvia y viento, años de excremento, años de picotazos, años de pedradas, sequías e inundaciones, años de humillación.

Como puede abandona el poste, camina con dificultades y trastabilla sobre sus piernas de madera, una más larga que la otra.

Cruza el campo, con el cielo negro tras su espalda y la lluvia arreciando encima de la decolorada cabeza de paja. Va hacia la casa del granjero.

Ha nacido para el miedo y piensa demostrarlo.


09 febrero 2007

Un viernes mas

Viernes, hoy ha sido un día pésimo, ya quiero que se acabe, ya quiero meterme en mi cama y dejarme llevar por el sueño, ojalá sea un sueño pesado de esos de los que cuesta despertar, de esos de los que duele despertar.

Me duele la pinche cabeza, parece que va a reventar (que reviente de una maldita vez y poder descansar).

En fin viernes dia de vuelo...

25 enero 2007

Dialogos sin confianza



-Gazoo, ¿Que se siente perder una y otra vez a la persona que quieres?
-No sé como explicarlo pero lo sé...


(El Pote obra de José Martínez Quintero)




Sonando: Shiver-Coldplay

22 enero 2007

Sobrevivir


Si viviste de niño en los 60, los 70 o principio de los 80...

¿Cómo hiciste para sobrevivir?

1.- De niños andábamos en autos que no tenían cinturones de seguridad, ni bolsas de aire...
2.- Ir en la parte de atrás de una camioneta era un paseo especial y todavía lo recordamos.
3.- Nuestras cunas estaban pintadas con brillantes colores de pintura a base de plomo.
4.- No teníamos tapas con seguro contra niños en las botellas de medicina, gabinetes, puertas.
5.- Cuando montábamos bicicleta no usábamos casco.
6.- Tomábamos agua de la manguera del jardín y no de una botella de agua mineral...
7.- Gastábamos horas y horas construyendo los carritos de chatarra y los que tenían la fortuna de tener calles inclinadas los echaban a andar ladera abajo y en la mitad se acordaban que no tenían frenos . Después de varios choques con los matorrales aprendimos a resolver el
problema. Sí, nosotros chocábamos con matorrales, no con autos!.
8.- Salíamos a jugar con la única condición de regresar antes del anochecer.
9.- No teníamos celular... así que nadie podía ubicarnos. Impensable .
10.- Nos cortábamos , nos rompíamos un hueso , perdíamos un diente , pero nunca hubo una demanda por estos accidentes. Nadie tenía la culpa sino nosotros mismos.
11.- Comíamos bizcochitos, pan y mantequilla , tomábamos bebidas con azúcar y nunca teníamos exceso de peso porque siempre estábamos afuera jugando...
12.- Compartíamos una bebida entre cuatro... tomando en la misma botella y nadie se moría por esto.
13.- No teníamos Playstations, Nintendo 64, X boxes, Juegos de vídeo, 99 canales de televisión en cable, videograbadoras, sonido surround, celulares personales, computadoras, chatrooms en Internet ... Sino que TENÍAMOS AMIGOS.
14.- Salíamos, nos subíamos en la bicicleta o caminábamos hasta la casa del amigo , tocábamos el timbre o sencillamente entrábamos sin tocar y allí estaba y salíamos a jugar afuera, ¡En el mundo cruel ¡Sin un guardián! Hacíamos juegos con palitos y pelotas de tenis , en algún equipo que se formaba para jugar un partido; no todos llegaban a ser elegidos y no pasaba ningún desencanto llevado a trauma.
15.- Algunos estudiantes no eran tan brillantes como otros y cuando perdían un año lo repetían. Nadie iba al psicólogo, al psicopedagogo, nadie tenía dislexia ni problemas de atención ni hiperactividad, simplemente repetía y tenía una segunda oportunidad.
16.- Teníamos libertad , fracasos , éxitos , responsabilidades y aprendimos a manejarlos. La gran pregunta es ¿como hicimos para sobrevivir? y sobre todo para ser las grandes personas que somos ahora .
¿Eres tú uno de esa generación?

Seguro dirán que éramos aburridos pero.....
¡FUIMOS FELICES!

Esto lo lei en un blog y me gusto, creo que aplica a mi generación, por lo menos a mis amigos

10 enero 2007

R.I.P.

Yvonne De Carlo
(Septiembre/01/1922 - Enero/08/2007)
Sonando: Antonio Bribiesca-La Zandunga